domingo, 7 de junio de 2009

La Europa de los intereses del gran capital.

Débil democracia en la Europa de las corporaciones

El próximo domingo se celebran elecciones al Parlamento Europeo. Esta ha sido una de las campañas electrorales más superficiales, sin contenido, de la historia de la democracia española. No lo digo yo, que también, lo titulaba en primera plana ayer un periódico al que no puede calificársele de “antisistema” como el diario El Mundo. Y lo repetía en su editorial. Pero no voy a polemizar sobre esto. A mí lo que me interesa es interrogarles sobre ¿qué es lo que votan los ciudadanos europeos? ¿Quién manda realmente en la Unión Europea?

Hace algo más de un año fui invitado por Los Verdes en el Parlamento Europeo a participar en una conferencia sobre lobbies industriales en la UE y su poder de presión sobre los políticos. En una de las salas principales del magno edificio de Bruselas desentrañé algunas de las prácticas de presión corporativa o lobbismo de algunos de los sectores más poderosos de la industria europea; qué estrategias utilizan para conseguir que buena parte de las decisiones que toman los europarlamentarios reflejen los intereses empresariales por encima de los de las personas; o cómo apenas sin que nos demos cuenta la democracia ha ido difuminándose en casi todos los países que presumían de demócratas e instalándose un Totalitarismo Global Corporativo, una dictadura económica de guante blanco que por primera vez en la historia se produce en todo el globo terráqueo al mismo tiempo y con los mismos protagonistas.

El auditorio, en el que había periodistas, activistas y, claro, euroediputados, parecía estar ante una aparición; recuerdo en especial a un asistente que tenía justo delante que me miraba fíjamente con la boca abierta como si nunca hubiese oído hablar de lo que exponía. Parece que buena parte de la población y entre ellos algunas especies perfectamente adaptadas al ecosistema bruselense, no quieren enterarse de que a menudo las decisiones del poder político están dirigidas por los intereses económicos de las grandes empresas y las asociaciones patronales de los sectores económicos preponderantes. Ocurre en todos los estamentos y a todos los niveles de decisión: en el Parlamento Europeo (con muy poca capacidad de decisión real) y la Comisión Europea (el Gobierno de facto de la UE), por no hablar de los distintos gobiernos estatales, en los autonómicos y en los municipales.

Tecnologías y servicios contaminantes o peligrosos como la energía nuclear, la telefonía móvil, muchos fármacos, los alimentos transgénicos, los 104.000 productos químicos tóxicos liberados en el medio ambiente o la construcción de refinerías petroquímicas o centrales térmicas, salen adelante por la actividad de los lobbies industriales, pese a que la población se muestra en contra mayoritariamente. En mi viaje a Bélgica, tuve la oportunidad de charlar con un eurodiputado que me contaba cómo hacía unos días Eduardo, el lobbista de una compañía telefónica muy conocida, había entrado en su despacho como Pedro por su casa para “discutir” con él sobre el paquete de medidas referente a las nuevas tecnologías que estaban debatiéndose en el Parlamento Europeo en esas fechas. Discutieron sobre si proponer o no ofertas a los minusválidos por sus llamadas, sobre el precio general de estas, sobre el cambio de compañía. Como pude ver también, un informe que analizaba hasta qué punto “penetran” los grupos industriales en la toma de decisiones de los políticos afirmaba que la mayor parte de las enmiendas presentadas por los dos grandes grupos parlamentarios europeos a ese paquete de telecomunicaciones contemplaban las ideas expuestas por el lobbista de esta compañía y del sector en cuestión. Estos grupos políticos supuestamnete enfrentados en todos los países europeos, y por supuesto en España (que no en el gobierno vasco) presentaron ciertas enmiendas juntos. Me llamó la atención que la tercera fuerza política, de izquierdas, hubiera votado a favor en hasta un 65% de las ocasiones de las propuestas de las diferentes patronales más representativas del capitalismo global. Según datos oficiales, actualmente, son más de 15.000 los lobbistas registrados en el Parlamento Europeo, lo que, con un aforo de 732 escaños, da una proporción de ¡más de 20 lobbistas por diputado!

En el edificio del Parlamento Europeo todos los días se desarrolla, en muchos casos ante la mirada del personal que trabaja en el mismo y los visitantes, como tuvimos ocasión de presenciar, un trabajo sistemático de relaciones públicas y contactos directos entre los empleados de los grupos de presión de las empresas y asociaciones empresariales, los lobbistas, con los políticos y funcionarios locales. Esto no creo que sea lo que votan los ciudadanos europeos pero es la realidad: la política europea está influida de manera decisiva y sistematizada por las grandes corporaciones empresariales que consiguen que buena parte de las normas que se aprueban en la UE les beneficien o al menos no vayan contra sus intereses. Por supuesto que hay excepciones, sólo faltaría, pero en mi visita y en mis años de trabajo investigando estas actuaciones antidemocráticas he podido comprobar la débil salud de la democracia en la Unión Europea. Vivimos confome a un concepto de democracia perfectamente adaptado a las necesidades de los grandes sectores industriales.

http://migueljara.wordpress.com/



No he querido publicarlo antes para no perjudicar los resultados electorales de IU en estas elecciones... Puesto que sigo creyendo que es infinítamente mejor para los trabajadores, votar a esta IU que al PSOE.... pero, a partir de mañana tenemos que organizarnos para plantar cara por última vez a la "clase política" que continúa "cortando el bacalao" dentro de IU y hacer de esta una herramienta de transformación socio-política útil que ponga por delante los intereses de la ciudadanía y la construcción de modelos institucionales realmente democráticos o al menos dignos de ser denominados democráticos.